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martes, 6 de agosto de 2013

Tercer capítulo.

Acabó de comer sin dejar de pensar en su sonrisa. Hacía bastante que no se obsesionaba tanto con algo. Casi olvida prepararse para su…cometido. Casi pero no. Cogió todos sus efectos personales y se dispuso a salir. En caso de no volver, y ya que no tenía familia ni nadie que se preocupase por su desaparición, quería que su cadáver resultase fácil de identificar. Tenía en el antebrazo un diminuto tatuaje de una calavera pirata, de apenas un centímetro de largo, pero con sus dos tibias cruzadas y todo. Pero duda que nadie lo supiera…  Al igual que casi nadie, según él, sabía todo lo que significaba: rebeldía ante el sistema, crueldad sin límites, uso del terror y el miedo como herramientas para sus fines, frivolidad ante la vida, y recordatorio de la Muerte. Y de lo impredecible e inevitable que es ésta.
Se entretuvo pensando en trivialidades apenas relacionadas con ello mirando su propio antebrazo durante horas, hasta que la luz solar que entraba por la ventana a su espalda se tornó naranja anunciando la inminente puesta de sol. Casi apresuradamente, bebió tanta agua la sed de las horas sin hacerlo le pedían, fue al lavabo, y volvió a la ventana.

Algunas cosas cambian y otras siguen igual, decían en un videojuego frente al que solía pasar las tardes años atrás. Y podría cambiar la gente, la ciudad, el paisaje… pero aquel sol, el sol, era el mismo que en tiempos  pretéritos había inspirado la erección (cuando pensaba en estas cosas no era capaz de captar los dobles sentidos en su propio pensamiento) de Stonehenge y el viaje de Colón, y la construcción de las pirámides y la invención del astrolabio…pero también había contemplado la marcha de legiones romanas y tercios viejos, y masacres como la de Amberes, Cartago, Auschwitz,  o las de los nueve saqueos de Roma. Y ahí seguía. Impasible. Alumbrando con su poderosa luz a los hombres en su actos, buenos, malos, o peores. La belleza de este sentimiento era lo suficientemente hermosa para ser digna de recordarse con una eterna, o al menos vitalicia, cicatriz, decidió, así que, sin apartar sus contraídas y doloridas pupilas del astro rey, sacó la más pequeña y afilada navaja de las cuatro que llevaba y se hizo u diminuto pero profundo corte en su hombro. Y salió a las, ahora oscuras, calles. 

Más relatos.

miércoles, 3 de julio de 2013

Segundo capítulo.

Al llegar al portal de su casa, no pudo evitar que lo que vio le hiciera sonreír: Un camión, o más bien una furgonetilla de una empresa de mudanzas, aparcada justo delante. El apartamento  contiguo al suyo estaba vacío desde hacía meses, así que había un nuevo vecino. O vecina. Nunca había visto a la chica de la panadería, debía de ser nueva en la zona, ¿por qué no su vecina? Al pasar junto a las cajas de cartón, que le parecieron muchas para un apartamento tan pequeñito, su mano, casi involuntariamente, se metió discretamente en una de ellas y cogió lo que parecía un sombrero de juguete, de unos dos centímetros.
-Pobre playmobil vaquero- pensó mientras murmuraba “veintiuno” entre dientes, echándoselo al bolsillo- se quedó sin gorrito.
Bruscamente, como si le hubiera sorprendido, apareció en la puerta un hombre gordo y algo calvo, y con un gran bigote, pero a pesar de su serio semblante, le ofreció una mano con la que estrechó la suya con una sincera sonrisa apenas perceptible bajo su enorme mostacho.
-Soy Pedro, el nuevo residente el segundo C –dijo con un fuerte acento que no supo situar-. Creo que ahora seremos vecinos.
-Puerta con puerta. Segundo D. Supongo que nos veremos a menudo…-y siguió andando.
Aunque odiaba las presentaciones, despedidas, y todo lo que se pareciese a una situación social, sabía perfectamente cómo comportarse y normalmente trataba de ser bastante más educado, casi en exceso, pero tenía prisa, necesitaba ordenar sus pensamientos (y sentimientos) sobre la chica que acababa de ver, y sobre el hombre que ocupaba el que podía ser su apartamento. Y aun le abordó la idea de que fuera su padre o algo así cuando subía por las escaleras, pero antes de llegar a su piso ya había caído en la cuenta de que aquellas viviendas no eran especialmente amplias para una familia. Y aunque podría ser un hermano mucho mayor o un padre separado o soltero o viudo o cualquier otra historia… ¿a dónde había ido ella sino a su casa? Si acababa de comprar el pan…

“¿Y por qué no me saco de la cabeza a alguien que jamás volveré a ver?” pensó cuando….cuando pudo. Estando ya sentado en el suelo de su habitación. Se levantó estirando el cuello y vació sus bolsillos en el cajón que tenía especialmente para ello. Cartera, móvil, auriculares, libreta, bolígrafo,… y su “chatarra”. Ya estaba casi lleno. 

Siguiente capítulo.

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martes, 2 de julio de 2013

Psicopatilla CASI enamorado

-…Y veinte –se dijo en voz alta a sí mismo agachándose a recoger un clip del suelo.
Como cada día al volver de su aburrido trabajo en el hospital se desvió un poco del camino en línea recta que le llevaba a su casa para ir a comprar el pan. No tenía hambre –de hecho, nunca tenía- pero como todos los asquerosos humanos, él también necesitaba comer de vez en cuando. Al llegar a la panadería dio los buenos con su característico tono formal (tampoco aquel día le contestó nadie), y esperó pacientemente su turno como solía. Su media jornada acababa poco antes que las clases de un parvulario cercano y las madres acudían a comprar el pan y demás a aquella tiendita que también era frutería, verdulería, pescadería y carnicería, según le apeteciese al proveedor aquella semana, pues mandaba lo que quería, lo que le sobraba de abastecer a tiendas mayores, seguramente, pero al dueño no parecía importarle. O tal vez era él quien lo pedía todo así…
Pero aquella mañana difirió en algo de las anteriores: la vio. Demasiado joven para ser madre, apenas llevaba una barra de pan y una pequeña bolsa cuyo contenido no pudo ver. Ya estaba pagando cuando él llegó, y unos instantes después de haber entrado, salió ella, regalándole una breve y tímida sonrisita al cruzarse. En ese momento, deseó que a la chica se le cayese algo para recogérselo y poderla llamar, o que se diese cualquier otro motivo para salir del local tras ella… pero nada sucedió. Jamás le había importado la opinión de la gente, no necesitaba un motivo para darse media vuelta y seguirla…pero no sólo habría resultado sospechoso, también inútil. Así que, con gran pesar, decidió no hacer nada y, metiendo las manos en los bolsillos, jugueteó con el clip, una tuerca, y las monedas con las que pagaría en cuanto le diesen ocasión.

No era alguien a quien le interesasen las relaciones personales, ni mucho menos enamorarse, ni siquiera el sexo le interesaba apenas… pero sabía reconocer la belleza que había en el mundo,  ya fuera en un cielo estrellado o en la fachada de una catedral gótica, en las rápidas aguas cristalinas de un arroyo que se acerca a una cascada o en el tercer movimiento de la novena sinfonía de Beethoven. Y estaba seguro de que el cuerpo desnudo de aquella joven rubia de hermosa sonrisa pero ojos tristes, oculto tras su descuidado atuendo, era de una exquisita hermosura  digna de ser contemplada.

Siguiente capítulo.

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lunes, 29 de abril de 2013

Carpe Díem, reflexiones sobre la procrastinación durante los anuncios de Antena 3.

Un par de segundos. No necesitas mirar la pantalla más tiempo para querer ver el spot completo. Puede que anuncie algo interesante. Puede que  sea original, puede que sea gracioso, puede que sea nuevo y puede que sea tan viejo que quieres comprobar si te los sabes de memoria mientras piensas cuándo dejarán de repetirlo, pero esos dos segundos se convierten en veinte. Sí… ¿Para qué mirar un instante pudiendo mirar un anuncio? Bueno…y el principio del siguiente, y si es interesante, éste completo también. Y parte del siguiente. Así es como se pasa de  menos de dos segundos a más de dos minutos PERDIDOS. Dos minutos y pico. Lo que suele durar una canción, o un vídeo de youtube. De los cortitos. Claro, que ya que esperas a que cargue y a que te deje saltar la publi del principio…mejor ver uno de los largos. O dos cortos. Y si no te decides por el segundo debido a las casi infinitas sugerencias…mejor ver otros dos o tres más. Aunque sean largos. Más la publi. Y así se pasa de par de minutos a media hora.
Media hora…lo que dura, o duraba en mis tiempos, un recreo. Claro, que mientras vuelves a clase…y el profe pide silencio…y los alumnos obedecen… Habría que añadir otros diez. Y otros tanto por delante, ¿o soy el único que se pasaba el final de la última hora mirando el reloj? Y así es como se pierde una hora. O algo menos. Sí, una hora o algo menos, lo que en teoría va a durar la siestita después de comer. O lo que se tarda en limpiar la bandeja de Facebook, Tuenti, Twitter, Hotmail… O en mi caso, desmotivaciones. Claro que si no tienes nada(importante) que hacer…no pasa nada por echarle un par de horitas. Lo que dura una peli, más o menos. Y aunque algunas duran un poco más, son la cola de las palomitas y (o más bien “o”) los interminables intermedios los que hacen que ese tiempo se convierta en el doble.
Y ya son cuatro horas. El máximo tiempo que puedo aguantar estudiando, en un día “normal”, al menos. Si tenemos en cuenta que el rato que tardas en decidirte a empezar, y el rato que descansas al acabar, y compensamos añadiendo, más para acallar la conciencia que para otra cosa, el descanso para merendar… Se pierde una tarde. O una mañana. Y un día al que le quitas una mañana o una tarde, es un día que se ha volado.
Luego hay ciertas tareas que sí requieren todo un día. Sembrar patatas, por ejemplo, para dar un toque tan paletillo como mis orígenes. Pero no hay que ser de pueblo para entender que tras todo el día en la calle uno no pasa la noche dentro ordenando los sacos. Eso se deja para el día siguiente, como todas las cosas que duran desde la mañana hasta la noche. Y si lleva toda la mañana del día siguiente, pues dos días perdidos. Par de días, lo que tardarán en traerte el libro que encargaste, previo pago, por supuesto, o lo que van a durar las chapuzas de carpinteros, albañiles, fontaneros, cristaleros entre otros especímenes,  y que acaban alargándose una semana.
Una semana. Justo lo que tardará tu tía la gorda en ponerse a dieta. Pero a lo mejor espera a que pase el finde… por el arroz familiar del domingo, más que nada. Y los lunes…ya deprime bastante volver a empezar el trabajo, los horarios y las carreras como para empezar también a pasar hambre. Y si se le pasa el martes, pues podrá esperar una semana más, ¿no? Quince días, lo que tardaré en quedar con ese chico que (ya) no me cae bien o esa chica que (ya) no me gusta. Es que ahora estoy de exámenes y claro, no puedo. Aunque luego siempre coinciden fechas y dejan algunos para más tarde… Y tras los exámenes siempre hay planes mejores… Bueno, tampoco pasará nada si tardo un mes.
Lo que tardaré en ir a que me miren ese “ruidito raro” que del coche. O lo que tardaría si lo tuviera… Mejor lo que tardaré en cambiar mis zapas viejas. O en ponerme a estudiar en serio. Todos lo sabemos. Ese mes se duplicará, triplicará o incluso más. Tres meses. Un trimestre. Escolar, por ejemplo. Y si empiezas mal…pues lo dejas pasar hasta las recuperaciones en el siguiente. Claro, que puede que repitas. Y habrás perdido un año. Enterito.
Un año. Como cuando dejas ciertos planes para el verano siguiente. Y cuando te das cuentas, ha pasado el suficiente tiempo como para no poder hacerlo sin ir a la cárcel(maldita mayoría de edad…), tu amigo se ha mudado, o se separa el grupo sin que hayas ido ni a un concierto. Como hizo My chemical romance hace no mucho. Y esos dos o tres años se van, pero convertidos en seis o siete y llevándose primero tu infancia, y luego tu infancia. Y cuando te das cuenta, tienes veinte años y no has hecho nada. Y
 entonces piensas. Y te asustas. Me asusto, Me da miedo pensar que pueda cerrar los ojos un par de segundos y que al abrirlos tenga cuarenta años y mi vida sea como la de ahora. Y no es que sea una vida mala, pero tampoco especialmente buena. No es que sea vacía… Ni siquiera aburrida, aunque tampoco sea demasiado divertida. Es, simplemente, una vida. Normal. Demasiado normal. Y es que nada me asusta más que convertirme en alguien normal. Bueno. Sólo una cosa: dándome cuenta de que ya lo soy, el no cambiarlo. No existe algo que me asuste más (creo que es lo único que me asusta) que seguir siendo NORMAL. Y por eso pienso aprovechar, no cada par de segundos, sino cada fracción de segundo, porque… porque… Se acabaron los anuncios, me voy a ver los Simpsons.

miércoles, 24 de abril de 2013

Capítulo 8.


CAPÍTULO 8.
Tras poco más de diez minutos hablando en los que Sara se mordía la lengua, literalmente y casi hasta hacerla sangrar, para reprimir sus sentimientos hacia la chica de pelo bermejo, empezó a pensar cuánto tiempo más podría aguantar. Pero debía un par de favores y el objetivo de la misión era medianamente honrado… Dejar bien a la policía, hacer sufrir a un corrupto, recuperar fondos para la seguridad en centros públicos… y demostrar a una niñata que su padre le importaba, y también ella a él. Y en cuanto a los remordimientos por derribar una facultad a mitad de curso (¿remordimientos? Ni que fuera ella quien activaría la bomba…) no eran tan fuerte como los celos que le hacía sentir por alguien que acababa de conocer y que ni siquiera le importaba. Porque desde luego que no le importaba ese pringado… En un momento, en que los tres se quedaron sin palabras y no sabían qué decir, el chico dijo:
-Creo que seguimos –un plural, evidentemente usado para reconfortar a Sara, que consiguió su objetivo- sin saber tu nombre…
Ella sonrió y sin decir nada, cogió el móvil de él, que estaba sobre la mesa, y apuntó su número, con el nombre de Neus. “Llámame”, dijo. Y se giró a seguir haciendo como que copiaba algo de la pizarra. Desconcertado, casi desorientado, se giró hacia su compañera, a la que consideraba una experta, preguntándole con la mirada qué hacer ahora. Pero en su mirada no vio más que un odio –injustificado, a su parecer- hacia esa clase de chicas que calentaban al personal para nada. Pero entonces oyeron que Neus susurró un impaciente “¿a qué esperas?”.
Quería una perdida para guardar su número… Pues claro… Así que llamó. Pero en cuanto su teléfono, que por supuesto no estaba silenciado, sonó, la chica se lo llevó al oído hablando sola, se puso en pie, y salió como si nada. Ahora también Sara estaba perdida, y ambos se miraron de igual a igual….durante unos segundos. Lo que tardó en llegar un mensaje preguntando cuánto pensaban hacerla esperar. Ambos salieron apresuradamente, de no ser porque Sara la cogió, él se habría dejado la carpeta con los planos de la facultad… Cuando salieron de la clase, se la encontraron tumbada completamente en las escaleras en las que hacía unos minutos habían estado sentados. Era la personificación del “quiero lo que quiero cuando quiero”.
-¿Y ahora qué?-preguntó al verlos.
-Si no te da miedo que este cabrito venda tus órganos en Asia –dijo sorprendiendo a éste con un puñetazo seguido de un beso en la mejilla-, tenemos una furgoneta ahí fuera… ¿Qué dices?
-Que estoy en desventaja, sois dos para una…al menos deberíais invitarme antes a tomar algo,  ¿no? Espero que la furgoneta sea para ir a algún sitio mejor…
-Si te hace ilusión-dijo él, despegando los labios por fin- podemos meter un colchón en la parte de atrás, pero tenemos un amigo que hace poco ha abierto un local a diez minutos de aquí y se alegrará de ver que le llevamos clientes.
-¿Ahora…? –dijo ella haciéndose de rogar- mejor dadme un minuto que entro a por mis cosas.
Y volvió a entrar en la clase, dejando a los dos tan atónitos como era de esperar.
-¿Cómo dices lo de los órganos…? Podrías haberla espantado…
-Sí, claro –respondió ella, picada-… Es evidente el sentido de la responsabilidad de esta chica… Me pregunto hasta qué punto hacemos un bien al mundo salvándola…
Esto le recordó que pronto todo el edificio volaría por los aires, y se miró el reloj. Aún tenían más de veinte minutos antes de que empezara el simulacro de incendio. Por el momento, todo iba bien.



sábado, 6 de abril de 2013

Capítulo 7.


CAPÍTULO 7.


Sin muchas esperanzas de éxito, entró en la clase delante de ella, con paso firme, más para impresionarla que para que SU plan funcionase. El objetivo se sentaba en primera fila y tras un instante de vacilación, pues no quería situarse demasiado cerca de un profesor que al no conocerles podría echarles de clase, se dispuso a sentarse justo tras ella. Pero otros dos chicos, estaban sentándose precisamente ahí, dejando  junto a él, en la silla inmediatamente anterior a la de la chica. Sin decir una palabra, cedió el paso a Sara, con una mirada que ésta comprendió al instante. Con una seguridad que a él le pareció envidiable para cualquiera del sexo contrario, y un movimiento de caderas que le obligó a mirarla donde la espalda pierde su nombre, se situó junto al chico de la chaqueta y le preguntó con una gran sonrisa si ese sitio estaba ocupado. Ante la evidente negativa de éste, tomó asiento junto a él, justo tras la chica que buscaban.

-¿Cuánto dices que llevas sin entrarle a una tía? –Dijo a su compañero, que ya estaba junto a ella, en voz baja y cubriendo con la mano una maliciosa sonrisita.

 -Para tu información-respondió él sin ni mirarle a la cara, garabateando en el dorso del plano de la facultad. Ni folios les habían dado… -, la última vez fue una chica la que intentó seducirme a mí. Luego le disparé a la cara. Llevaba horas tiroteándonos, y en un momento que se paró a recargar, aparecí tras ella.

-El matador de las féminas… aquí esas cosas funcionan de otra manera…

_No me siento especialmente orgulloso de ello-siguió él, ignorándola. Presionaba sobre el papel con tanta fuerza, el bolígrafo empezaba a quebrase.-…  Pero mientras con una mano desnudaba su pecho, con la otra desenfundaba un revólver oculto en su entrepierna. Un instante más y… Y…

Antes de que encontrara palabras con las que proseguir su relato, y para relajarle un poco antes de que empezara a gritar o a llamar la atención, Sara le besó. No en la boca, por supuesto, sino en la barbilla, justo bajo el labio inferior, tal y como hacían en las películas, según había oído en alguna parte, pero el efecto fue justo el esperado.

-No te emociones-dijo nada más soltarle-. No es que crea que lo merezcas, ¿eh?, es sólo para que estos dos dejen de mirarme… ¿Le vas a decir algo, o qué?

Algo confuso, miró a la chica que tenía delante. Escribía haciéndose la aplicada mientras el chico sentado junto a ella tenía que conformarse con charlar con su amiga, bastante menos agraciada. Aunque, según pensó, tratando de evitar la comparación con las otras dos chicas, no estaba nada mal. Y además, era mucho más simpática… Era la típica amiga simpática. Llegados sus pensamientos a este punto, no pudo evitar una sonrisa. Siempre le había hecho gracia ver como todos esos tópicos machistas se cumplían, pero al comprobar que todo seguía siendo así, que nada había cambiado en el mundo que hace tiempo había abandonado, volvió a despertar en él todo tipo de sensaciones, tan agradables como ya olvidadas, hasta ese preciso momento.

-¡Espabila!-Dijo Sara, chasqueando los dedos antes su cara.

-Sigamos con los tópicos-susurró él, dejando caer el astillado bolígrafo al suelo-¡Tss! ¡El boli! ¡Pelirroja! ¡Eo!

Ante el caso omiso de la chica, y mordiéndose el labio presa de un sentimiento bastante similar a los celos, Sara dio una patada al respaldo de la silla de ésta, que, girándose y con un inocente gesto en su cara, dijo:

-¿Es a mí? Perdona-recogió el bolígrafo. Y ya estaba a punto de devolvérselo a su dueño cuando pareció pensárselo mejor y añadió, dirigiendo la punta del bolígrafo a su boca-… Te lo cambio por tu nombre…

-¿Lo ves?-interrumpió Sara, claramente molesta y lo suficientemente alto como para que la otra chica también le oyese- No era tan difícil…

Estaba hecho…







 








viernes, 15 de marzo de 2013

Capítulo 6.


CAPÍTULO 6.
-Pues no parece tan difícil…-Caminaban ambos en silencio, acababan de subir las escaleras de la entrada y se dirigían a través de pasillos llenos de alumnos que en el descanso entre clase y clase para salir a fumar, hablar con los de otras aulas o simplemente estirar las piernas. Desde que bajaron del furgón no habían cruzado palabra, ni tampoco miradas, e intentaba romper el hielo. Ella no contestaba.- ¿no?
-Calla-susurró como quien intenta escuchar un lejano e instantáneo murmullo-… ¿No ves que intento pensar?
 -¿En nuevos lemas para tus camisetas?-Era improbable, pero a lo mejor estaba enfadada de verdad porque no se la había puesto, y quería volver a sacar el tema. Le encantaba sacar temas incómodos, y no había tenido tiempo de incomodarla con otra cosa- Venga, estás más perdida que yo, cuando quieras dejas el papel de súper-girl que lo controla todo y comentamos qué vamos a hacer…
Era cierto. No tenía ni idea de por dónde empezar. Pero naturalmente, no pensaba darle la razón. Por suerte, se le daba bien improvisar y hacer como que sabía de todo.
-Capullo engreído… Es lo que me pareciste desde el principio y mira, no he fallado. Eso de que juzgar a la gente por la apariencia está mal debió decirlo alguien a quien se le daba mal hacerlo. Mira la foto -sorprendida de ella misma y de las conclusiones a las que estaba llegando en cuestión de décimas de segundo, sacó la foto de la carpeta-, mira su cara. Es evidente que es una consentida niñata de papá, por un lado, y una pobre cría con carencias afectivas por el otro.
-Lógico y evidente cuando tu papi es un político corrupto y tu mami su mujer trofeo.
“No me interrumpas”, iba a chillar dándole un puñetazo en el hombro. Pero se le ocurrió una mejor forma de superarlo y hacerle callar:
-Tan evidente como la cara de furcia que tiene. –Se sentaros en unos escalones frente a la puerta de la clase en la que debería estar- Algo me dice que busca amor por otros sitios. Sí, creo que ya sé cómo nos la llevaremos…
-Amor y emoción. Mírala- Volvió a interrumpirla-. Estaba justo ante ellos, hablando con el profesor, que acababa de salir-. No deja de toquetearse el pelo y el escote… Es millonaria, pero prefiere comprar aprobados con su cuerpo… Sigue. ¿Cómo piensas sacar de aquí al blanco de todas las miradas sin que se note?
-Precisamente. Sigues sin ver lo discretas que llegan a ser mis camisetas en el ambiente adecuado-antes de acabar de decirlo se dio cuenta de que no era un buen símil, no tenía nada que ver una cosa con la otra-. Tú y yo nos haremos pasar por novios en busca de nuevas experiencias, que es precisamente lo que esa zorra tiene pinta de andar buscando. Así que nos colaremos en la clase, nos sentaremos a su lado, y tienes algo menos de media hora para convencerla para un trío, ¿ok? Cosa que JAMÁS sucederá. Así que ve quitando esa cara de gilipollas y no te hagas ilusiones.
-¿Y cómo conseguiremos sentarnos a su lado? No sé cómo se vería desde tu lado, pero por lo que recuerdo del instituto, no resulta muy sencillo sentarse tras la chica guapa…
-Fácil-cogió la chaqueta del chico, que la llevaba en una mano, se la anudó a la cintura realzando aún más su figura y, dando una vuelta de bailarina, se puso de pie frente a él con una gran sonrisa-. Resulta que esa puta ya no es la más guapa de la clase.



domingo, 10 de marzo de 2013

Problemas...

Un día más, salió de casa dando un portazo. Había vuelto a discutir con sus padres. Un cuatro y medio en mates no es destrozarse la vida, pensó al cruzarse con un indigente. Había cosas peores, como aquella chica del insti que se quedó embarazada con dieciséis años, el drogata del parque...o lo que se había hecho en las muñecas poco antes de empezar a gritar a su madre. Eso mismo que no sabía muy bien por qué hacía, pero con lo que se sentía bien. Lo mismo que sus padres habían decidido tomar por un intento de llamar la atención y cuya respuesta ante ello era ignorarlo.

Más historias.

Vacío.

Una vez más, llegó a casa, fue directamente a la habitación, dejo todo tirado en el suelo y se dejó caer sobre la cama sin hacer. No había sido un buen día. Pero tampoco malo. Sólo un día más. Otra jornada que acababa como la anterior y como, probablemente, acabaría la siguiente. Nada especialmente bueno ni malo ocurría nunca. Esa rutina acabaría con su vida. Ya no pedía un motivo para reír, ni siquiera para sonreír, se conformaba con uno para llorar. Una razón por la que estar triste, algo de lo que poder quejarse, alguien a quien odiar. Pero nada. No tenía absolutamente nada. Pero tampoco de nada le faltaba, ni siquiera tenía “necesidad” de algo. De algo concreto. Porque eso era precisamente lo que ansiaba: algo.
No algo bueno, simplemente algo. Una preocupación, un problema, un secreto. Un enemigo.  Un amor imposible. Una razón por la que existir. Un sentimiento. No sentía absolutamente nada. Puede que deseos. El deseo de saber qué desear. Y también vacío. Sí, sobre todo sentía vacío. Un enorme vacío existencial del que apenas alcanzaba a ver los límites: otras épocas de su vida, aparentemente lejanas, en las que sentía…cosas. Pero no, no lograba recordar cómo era eso de sentir.
Estiró el brazo hacia el escritorio sin levantarse de la cama (ventajas de tener un cuarto pequeño) y cogió un folio que parecía estar en blanco. Al menos por una cara, pues por la otra estaba pintarrajeado y lleno de tachones. Se resignó y se quedó con la parte limpia, pues para coger las hojas sin usar tendría que levantarse. ” ¿Por qué será considerada un pecado la pereza? Ni siquiera es agradable…”pensó mientras sacaba de su bolsillo el lápiz sin afilar que siempre solía llevar encima No sabía sobre qué escribir, el gran vacío de su interior también había acabado con su antigua creatividad. Cuando se dio cuenta, estaba garabateando. Otra hoja menos. Como si tuviera qué hacer con ellas…
Volvería a reutilizarla, seguro. Puede que en ese mismo instante. Sí, quedaba sitio de sobra entre los incoherentes trazos de su lápiz. Escribiría un poema. Sí, arte mayor, un soneto. Escribiría un soneto a… Ojalá tuviera a qué o quién escribirle. ¿Al vacío? No, no funcionaría. O tal vez sí. Pero en prosa. Y en tercera persona. Sobre todo eso, que parezca que habla de otra persona y que no se note que se siente así realmente. Empezaría con algo así como “otra vez”, ”de nuevo” o “una vez más”, repetiría un montón de veces la palabra vacío, como una media docena de veces. Y acabaría diciendo que no sabía cómo acabar, poniendo unos puntos suspensivos, por ejemplo…

sábado, 23 de febrero de 2013

Capítulo 5.

CAPÍTULO 5.
A su lado había un montón de ropa de todo tipo, probablemente usada, posiblemente de muertos. Al incorporarse notó un fortísimo dolor en el cuello: la patada del ascensor casi se lo parte. Escogió unos vaqueros “normales” y una camiseta “normal. Al ir a ponerse el pantalón, vio que tenía el muslo vendado ¿habría sido ella? Probablemente. Pero a pesar de esto, y de que llevaba inconsciente y en ropa interior… no sabía cuánto tiempo, sintió algo parecido a vergüenza y vaciló unos instantes antes de sacarse la camiseta. Creyó notar una sonrisita disimulada en el rostro de la chica justo antes de que interrumpiera sus pensamientos diciendo fríamente:
-Tranquilo, que me giro-estaba sentada en el suelo frente a él, y en un rápido movimiento, se giró apoyando una mano en el suelo y se cubrió los ojos con la otra-. Algunas tenemos educación…
Parecí bastante molesta de verdad, pero tampoco había hecho nada malo…Resignado cogió la camiseta para ponérsela, pero entonces la chica añadió:
-Te perdono si te pones la verde. –Le estaba observando a través de un trocito de espejo que tenía en la mano con la que supuestamente se tapaba los ojos. El chico se sintió decepcionado, pero consigo mismo, por no haberse dado cuenta antes. Aun así, miró intrigado la camiseta que había dicho. En grandes letras moradas con purpurina sobre fondo verde ponía “Voy con la princesa”. Era improbable que ese tipo de camiseta fuera de chico.
-¿Sabes? Creo que podré vivir sin tu perdón….
Y en ese preciso instante, la furgoneta paró de un frenazo haciéndole caer justo al lado de ella, casi le cayó encima. Ambos empezaron a reír, pero la puerta se abrió y apareció el hombre al que dentro de poco conocería como “Jefe”. Llevaba un mono de trabajo que casi con total seguridad emplearía para colarse en alguna parte. Dudaba que los tópicos de las películas funcionasen…
-A ver si dejamos el magreo para otro rato. Que hay prisa. Como ya te habrá explicado la Rubia, tenéis que haceros pasar por universitarios, infiltraros en la facultad de derecho y secuestrar a la hija del ministro tal. Tienen programado un simulacro de incendio para dentro de algo menos de hora y media, lo que nadie sabe es que quince minutos después una bomba real hará derrumbarse el ala oeste del edificio. Para ese momento tenemos que habernos ido con la chica y sin que nadie la haya visto salir, ¿de acuerdo? ¿Todo claro?-Abrió una trampilla que ocupaba casi la mitad del suelo del vehículo y de un doble fondo en el que había dos cajas de cartón tan grandes como para llevar un cadáver, una carretilla de plataforma y varios subfusiles, entre otras cosas, sacó un par de mochilas y se las entregó- Ahí tenéis planos de la facultad, con la clase del objetivo y la ruta de evacuación marcadas, unas fotos de la chica y armas de fuego. Utilizadlas sólo si os descubren, si la operación fracasa, tendréis que haceros pasar por terroristas, y responsables de la explosión, con las consecuencias implícitas. También tenéis comunicación con la base y conmigo camuflada en unos cascos Apple. Éstos tienen un botón de emergencia que anulará la detonación de la bomba, pero más vale que no lo pulséis si apreciáis la vida en libertad… ¿preguntas?



viernes, 22 de febrero de 2013

Capítulo 4.

CAPÍTULO 4.
Nada de lo que le acababan de decir le sorprendía. Era evidente desde el principio quiénes eran, pero se había negado a verlo. No soportaba su situación actual, era cierto…pero tampoco le apetecía lo más mínimo volver a la guerra. Aunque en todo aquello, algo sonaba a operación especial divertida…emocionante…suicida. Sí, no podía estar tan mal. Pero mientras dudaba, y aunque no era necesario, pues estaba a punto de soltar el arma, la joven, apoyándose en la esquina del ascensor con las manos, le dio una patada en la cabeza con ambos pies que le hizo perder el sentido unos momentos más tarde. Unos momentos suficientes para ver como su pobre rehén caía degollado, desangrándose como un cerdo.
Despertó recostado de mala manera en la parte de atrás de una furgoneta, frente a la chica, que se estaba cambiando la ropa ensangrentada. Decidió esperar un poco para mostrarse consciente, pues no quería perderse semejante espectáculo. Su joven cuerpo era realmente hermoso, dudaba mucho de las palabras del que parecía ser su superior, era imposible que esa preciosidad hubiera estado en el frente como él, podría decirse que las vidas de ambos habían sido completamente diferentes. Y lo de “nada que perder”… puede que en eso sí coincidiera con ella, pero no con el suicida cuyo hermano había decidido limpiar su nombre arriesgando y perdiendo la vida. En todo aquello había algo que no encajaba, le ocultaban algo, estaba claro… ¿pero qué podía hacer él?
-Sé que estás despierto-dijo la que tenía toda la pinta de ser su futura compañera de armas mientras se metía otra ajustada camiseta. Era lo primero que le oía decir-. Abre los ojos  del todo, si te interesa puedes mirar cuánto quieras.
-¿Eh?-Se limitó a responder, haciendo como si acabara de despertarle.
-Total-continuó ella-ya te debo una patada desde que me miraste por la mirilla….
Y dicho esto, volvió a estirar repentinamente  ambas piernas hacia él, al tiempo que se ponía unos cortos pantalones. Esta vez no llegó a rozarle, y sus pies descalzos quedaron a escasos centímetros del pecho del chico, que, todavía algo aturdido, se estremeció de una forma exagerada, echándose hacia atrás bruscamente y chocando con la pared metálica de una forma bastante torpe.
-Joder con el veterano de guerra-soltó, entre risas-Anda, vístete… Ahí tienes algo de ropa, escoge lo que quieras… Pero recuerda que no debes llamar la atención, para este tipo de misiones hay que ir discretos.
Discretos. Acababa de decir que había que ir “discretos”. ¿Cómo era capaz de decir algo así? Ella llevaba unos cortísimos shorts que no dejaban nada a la imaginación, y una camiseta naranja fosforito, lo suficientemente ceñida como para hacer evidente que no llevaba nada debajo y cuyo estampado rezaba “teta izquierda” y  “teta derecha” en sendos círculos situados donde es obvio. 


martes, 19 de febrero de 2013

Capítulo 3.


CAPÍTULO 3.
El tal “Gordo” le hizo entrar en el ascensor de un empujón, lo que le hizo dar un traspiés que casi le hizo caer sobre la chica, en la que creyó ver un atisbo de sonrisa divertida aunque sabía cómo ocultarla bajo la que ya había identificado como su fachada de indiferencia. El hombre del sombrero sacó una vieja y oxidada pitillera del bolsillo interior de su americana. El aquel viejo objeto metálico encajaba a la perfección con su desdeñada apariencia. Dudo un instante si ofrecerle un cigarrillo, pero finalmente se decidió por encender el suyo y compartirlo con él echándole el humo a la cara mientras esperaba que “alguien” pulsara el botón que les haría bajar. Cuando su corpulento compañero se dio cuenta y pulsó precipitadamente el botón del primero y el de la planta baja a la vez, masculló algo entre dientes y volvió a escupirle el humo.
¿Quién era aquella gente tan rara? Policías desde luego que no: ni esposas, ni placas ni “queda usted detenido, y éstos son sus derechos, etc.” y toda esa parafernalia típica de la autoridad. ¿Secuestradores, entonces? Si así era, no tenían nada de aficionados…. No, tampoco tenía pinta de querer secuestrarle. Parecía que le conocían, y en ese caso, sabrían de sobra que no tendrían a quién pedirle rescate. No, sólo podían ser…
Frente a él, la chica miraba disimuladamente hacia su entrepierna desde hacía rato. Ojalá sólo estuviera malpensando sobre el bulto del cuchillo… Por un momento, esperó recibir una patada, tal y como decía la camiseta que tenía delante y que no podía evitar mirar. Bajó la mirada entre avergonzado y divertido, aquella chica conseguía, inexplicablemente, relajarle. Y entonces se dio cuenta: por su pierna, bajaba un hilito de sangre, el tropezón de hace un minuto le había hecho pincharse en el interior del muslo, y aunque no le dio demasiada importancia en el momento, parece que era algo serio. No, no le había lesionado; le había delatado.
No se atrevió a mirar a los otros dos, pero la joven le miraba con curiosidad, ahora a la cara. Esbozó lo mejor que pudo un falso gesto de dolor y en un movimiento muy lento al principio, como si fuese a palparse una profunda herida, y muy rápido después, sacó su arma blanca y en un instante la tenía apoyada en la garganta del asustado gordo. A pesar de su edad mediana, estaba claro que era un novato en todo aquello, sólo estaba allí por su imponente cuerpo, pues ni la chica ni el jefe, a pesar de las armas, ésta de fuego, que sacaron lograban intimidar ni a una ancianita.
-¡¿Quién coño sois y qué queréis de mí?! Como no me deis una respuesta antes de que se pare este maldito trasto juro que lo degolló aquí mismo…
-¿Acaso no era evidente?-respondió el del sombrero con mucha calma pero sin dejar de apuntarle con su revólver de gran calibre a la cabeza. Mostró el bolsillo de la pitillera, en el que llevaba colgada una placa o medalla de algún cuerpo especial cuyo nombre no recordaba-¿Te suena el dibujito? ¿Qué entendéis los jóvenes de hoy en día por estar en la reserva? Se tea yudó en lo posible por desmilitarizarte, por reinsertarte en esta, por cierto, decadente sociedad, pero los rechazaste todos y decidiste ir por tu cuenta. Sólo Dios y esta rubia saben lo que me ha costado encontrarte, ¿tan malas son las residencias para excombatientes? La guerra acabó, el ejército dejó de considerarte útil y fracasó en su intento de hacerte….ejem…menos inútil para la vida civil. Ahora hay un conflicto a punto de estallar, y el alto mando requiere gente como tú para una sencilla y breve pero arriesgada misión. Y no creas que hay tantos. Con tu experiencia en combate abierto, tu conocimiento de determinadas zonas, tu nada que perder, tus medallitas… El inepto del general al que corresponden ahora estas cosas, entre miles de excombatientes deseosos de volver a matar sólo ha considerados aptos a tres individuos: la rubia que te mira el paquete, un conocido, creo que hermano, del gordo que se te ha desmayado en brazos y que se suicidó hará cosa de un mes, y, por supuesto, usted.
>Así que deje de hacer el payaso, suelte ese jodido cuchillo y obedezca a su superior.


lunes, 18 de febrero de 2013

Bonita camiseta...

Capítulo primero.
Capítulo segundo.
Capítulo tercero.
Capítulo cuarto.
Capítulo quinto.
Capítulo sexto.
Capítulo séptimo.
Capítulo octavo.

Más historias.

Capítulo 2.

CAPÍTULO 2.
No, no esperaba a nadie. ¿Quién podría ser a estas horas? Era casi la hora de comer para la gente normal, la hora de levantarse para la gente como él. Cogió un cuchillo mientras sentía sus músculos tensarse a causa de la adrenalina. Tanto tiempo sin sentirse así le estaba volviendo loco, estaba impaciente por ver quién era y qué quería, pero se acercaba con el máximo cuidado de no hacer el mínimo ruido a la puerta. En cierto modo se sentía liberado, saboreaba el momento, disfrutaba a comprobar que seguía sin recordar qué era el miedo. La puerta sonaba como si la pensaran echar abajo. Aprovechando que en el rellano había más luz qué dentro del apartamento, pudo ver en las sombras que se colaban por la rendija bajo la puerta que sólo había un par de pies. Debería ser un buen gorila para aporrear la puerta de esa manera. Si querían hacerle algo…¿no sería más fácil llamar suavemente, “con cariño”? No, no habría colado.
Receloso de poder perderlo, acercó un ojo a la mirilla: Sólo había una chica, de unos dieciocho años y con una curiosa camiseta en la que ponía, a la altura del pecho, algo así como “cambio mirada a mis tetas por patada a tus huevos”. Movido por la curiosidad, cuya influencia en él siempre fue mayor que la de la conciencia del miedo, se ocultó el cuchillo como buenamente pudo en los calzoncillos y abrió la puerta. En ese instante, aparecieron dos hombres, uno a cada lado de la puerta. El primero, tan alto y corpulento que su agilidad llamaba la atención, se colocó antes de que pudiera darse cuenta detrás de él, bloqueándole el acceso a su propia vivienda. El otro, mucho más bajo y enjuto, se plantó frente a él, haciendo retroceder a la chica de la camiseta con un gesto y una mirada un tanto despectiva. Iba muy trajeado, incluyendo sombrero a juego con el formal pero arrugado traje gris. Tenía más ojeras incluso que ella, era evidente que habían pasado toda la noche y toda la mañana buscándolo.
-Por fin-se limitó a decir. Lanzó otra arrogante mirada, esta vez al tipo gordo.
-Vente con nosotros-dijo éste, empujándole hacia el ascensor, cuya puerta mantenía abiertas la chica, con un gesto ausente, como si nada de eso fuera con ella.
-¿Es que no pensáis dejar ni que me vista?-dijo XXXXXXXX, que aún iba sin pantalones y con la camiseta de tirantes que le servía de pijama, y vio en la oportunidad de volver a entrar la que sería su última ocasión para huir. No era más que un tercero, y el patio, al que daban casi todas las ventanas, estaba en el primero, por lo que la altura de la caída no sería más que la de dos pisos, y de techo bajo, por cierto. Eso le daría tiempo más que de sobra, pues él mismo sabía por experiencia lo difícil que resulta encontrar a alguien en un edificio así.
Sin esperar respuesta, se giró con su habitual sangre fría y toda la naturalidad que fue capaz de mostrar, dispuesto a entrar. Pero allí nadie estaba de humor, y el gigantesco hombre con cara de pocos amigos, cerró la puerta que tenía detrás y se apoyó en ella, cruzando los brazos.
-¿Cree que habrá que cachearlo, jefe?
-Tú no, Gordo. Depende de si la señorita tiene ganas de hacerlo ella…-podía intuirse la lascivia contenida en su voz.
Los tres miraron a la susodicha con curiosidad, pero ésta no les respondió más que dando media vuelta y entrando en el ascensor.
-Tiene razón. Como siempre-ahora se notaba que le fastidiaba reconocer que siempre le superaba, pero así era-. Se hace tarde, Gordo. Espabila.

Índice.

domingo, 17 de febrero de 2013

Capítulo 1

CAPÍTULO 1.
El día que todo cambió amaneció como otro cualquiera. Se acabó de despertar a las tantas, intentando recordar lo que había estado soñando, intentando revivirlo. Seguro que era mejor que su asquerosa vida. Sobre todo si era una pesadilla. Sí, al menos no sería tan terriblemente aburrida. Desistió, tirando al suelo las mantas y abriendo los ojos de golpe. Pero qué sucio está techo. Definitivamente, así estaba mejor. Al vivir solo en un apartamento no tenía que preocuparse de la opinión sobre su falta de orden y limpieza como cuando compartía un piso, y más si era con chicas como la última vez.  Además, el escaso dinero que le pasaba el programa de reinserción social no le permitía más que esas opciones.
Chicas…lo único en el mundo capaz de hacerle ordenar un poco todo aquello. Aunque viendo como todo… ¿pero cuánto hacía que no….? Cerró los ojos. Había vuelto a olvidar hacerlo. Es terriblemente difícil recordar hacer algo antes de abrirlos. A tientas, se puso en pie frente a la ventana, y abrió ésta de golpe a la vez que sus ojos. La cegadora luz del nuevo día casi le hizo caer de espaldas a la cama. Se dejó caer. Esto le despertaba del todo, aunque no le impedía seguir acostado pensando en cosas que pudiera hacer desde la cama. De momento, besar su pequeño crucifijo, única herencia de su difunto abuelo, en un gesto más mecánico que religioso, más por seguir con la costumbre que por agradecer el nuevo día, y, por su puesto, más por su abuelo que por Dios. Aunque de todo había un poquito…
Puso ambos pies en el suelo de forma brusca y casi simultánea, aunque siempre procuraba que el derecho rozase los fríos azulejos un instante antes. Para “empezar bien el día”. Estaba especialmente frío aquella mañana. Le encantaba eso. No sentía el barro subir por entre sus dedos, no sentía el calor de un sol golpeando las rocas verticalmente, ni un de esas pequeñas piedrecitas que se clavan, oculta bajo el polvo del camino, pero aquél frío matutino que se extendía por su piel haciéndole tensar los tendones de Aquiles era suficiente para recordarle que seguía vivo.
De camino al baño, mientras inclinaba la cabeza un lado para estirar el cuello, introdujo la mano en su pantalón para rascarse y colocarse todo, con la misma mano que un instante más tarde se frotaba los ojos, y justo después el trasero. ¿Por qué tenía que estar tan lejos el baño de la cama? Hizo sus necesidades apoyando la espalda en la pared. Eso le hizo alegrarse de no ser una tía, lo que le hizo pensar en tetas. Y esto, además de hacerle algo más difícil su tarea, le hizo pensar en pectorales, lo que le recordó que aún no había sus flexiones matinales. Hay que ver cómo funciona el cerebro, pensó, recién despertado…qué lógico es todo…y…¿Qué tenía que hacer ahora? Ya estaba buscando algo para desayunar. Desde luego, lógico no es sinónimo de rápido.
-La gente debería quedarse con que me acuesto casi al amanecer escribiendo poesía y llorando por ti-Se dijo a sí mismo, aunque hablando al guardapelo con apenas unos cabellos de su difunta prometida y mientras miraba los sucios dedos de sus propios pies-. No con cómo me despierto…
Entonces, y por fin de forma definitiva, volvió a la realidad por enésima vez aquella mañana: alguien golpeaba violentamente la puerta gritando su nombre.

Índice.

jueves, 14 de febrero de 2013

Veinte añitos


Y entonces tedas cuenta: ya no eres lo que eres. Se acabó ser un “tináyers”como dicen los ingleses, ahora tu edad empieza por un dos. Piénsalo, cuando tengas el doble de años a las espaldas no podrás hacer lo que ahora. Cuando tenías la mitad, tampoco. Entrénate cuanto quieras, estudia hasta reventar, jamás pudiste ni podrás volver a hacer tantas flexiones o recordar tantas letras de canciones, con cuarenta tacos no podrás levantar cien kilos, con diez añitos no podías entender las integrales. Estás en la cima, el clímax, la súper guinda encima de la guinda normal encima del, quieras reconocerlo o no, alucinante pastel que es tu vida. Ya sólo queda descender. Y aprovechar el momento, por supuesto. Carpe diem, decían los romanos de hace milenios. Y, ¿cómo lo haces? Contando flexiones y tarareando canciones.
Hace una década, puede que un lustro, tenías toda la vida por delante, todas los caminos abiertos, podrías hacer lo que quisieras. Ser delantero centro jugando el mundial, tu fama sería tal que los traficantes asiáticos falsificarían camisetas con tu nombre intentando robar las migajas de tu inmensa riqueza. Tal vez viajarías al espacio, serías el primer ser humano en pisar el planeta rojo buscando personalmente pruebas de vida extraterrestre, un leve giro de tu cuello te proporcionaría una mejor perspectiva de aquel inhóspito paisaje que la que podrían conseguir cien ingenieros mejorando día a día durante años su robot espacial con camarita hachedé.
Si sobra tiempo, llenarás estadios con miles, decenas de miles, puede que centenares de miles  de chicas bonitas deseosas de hacer contigo eso que aún no sabes muy bien en qué consiste pero estás impaciente por probar. Se tatuarán, se drogarán, se cortarán, vomitarán, harán todo lo que sea por parecerse a ti mientras ahorran para ir a verte en persona a un concierto que grabaran con el móvil por si fuera el último que das antes de tu prematura muerte, pero no, no serás así. Serás un ejemplo a seguir, harás recapacitar a los jóvenes que, como tú, escuchan más a su cantante favorito que a sus propios padres. Y por qué no, harás carrera en el cine, tu nombre en el cartel de la peli que se pelean por arrancar de la puerta del cine agotará entradas una semana antes del estreno. Puede que no te haga ganar un céntimo, pero la sensación de que en todo el mundo se bajan tu peli en vez de verla online para poder verte en alta definición una y otra vez, no es comparable ni a tirar la mochila al llegar del insti y dejarte caer en la cama sin una puta preocupación en tu jodida cabeza…salvo que se te escapen palabras como “puta” o “jodida” delante de tu familia.
Y de repente, dos decenios enteritos desde el mal día en que viniste a este mundo. No eres virtuoso en ningún deporte, en ningún instrumento. No destacas en nada desde que fuiste el favorito de tu abuela que, por cierto, ya está muerta. Se te daba bien estudiar o, más bien, aprobar sin tener que estudiar demasiado, pero la carrera que escogiste es demasiado. Puede que abandonarla sea la mejor opción. No quieres trabajar con corbata, no tienes ningún afán de ser millonario, te conformas con poquito, con un boli y una libreta en la que escribir sonetos que sólo tú crees buenos(y no es porque sólo tú los lees)eres feliz. Y eres casi autosuficiente, das clases a un par de críos los sábados por la mañana y puedes costearte tus caprichos. O eso te dices para sobrellevar el día a día. Hasta que un suspenso, un rechazo amoroso o una factura desorbitada en el móvil te devuelve a la asquerosa realidad. Estudiarás con esfuerzo algo que medianamente te resulta interesante hasta que las becas y tus padres puedan mantenerte y tengas que dejarlo para currar si acabaste como si no. Entonces, con mejor o peor situación en una de esas enormes empresas que ahora odias y pronto te explotará, esperarás ansiadamente un ascenso, un aumento, unas vacaciones que poder aprovechar para hacer horas extras para adelantar una letra de tu hipoteca súper flexible. Esperarás y esperarás hasta jubilarte y ya sólo queda esperar y esperar a morirte… y si te aburres, puedes pensar en cómo desperdiciaste los veinte.



jueves, 10 de enero de 2013

viernes, 4 de enero de 2013

Relatos.

Pregunta antes de disparar. (Larga, medio erótica y medio de intriga).

Sí estaba, esperaba tan preocupado como avergonzado en el pasillo. (Cortita, anoréxica, hospitales y amores raros).

Trincheras. (Cortita, belicista, pero con poca acción y mucha reflexión).

Corre corre. (Cortita, siniestra, final abierto).

Veinte añitos. (En segunda persona, más que narración, redacción).

Bonita camiseta... (Larga, de momento inacabada, espionaje, puede que algo bélica).

Hombre lobo. (Cortita, tan currada y original(sarcasmo) como el título, más psicología y reflexión que acción).

Vacío. (            ).

Problemas... (Muy cortita, creo que inacabada, anorexia).

Padre de familia. (Familia muerta, triste, longitud media, muy triste, tragedia, muy muy triste).

Dobles. (Larga, suicidio, medio erótica, final abierto).

domingo, 18 de noviembre de 2012

Lo siento...

Siento haber vendido mis principios metiendo publi al blog... Ya la estoy quitando...
Pero al menos me alegro de que fuera tan cutre como un link al final de cada entrada, me alegro de que casi nadie "picara", me alegro de tener algo que hacer (quitarla), me alegro de que al hacerlo entraré más a blogger, que tenía todo esto abandonadillo y me alegro de que encontrando cinco razones por las que alegrarme por cada una por la que arrepentirme, os parezca que estoy "bien".

Más ñoñerías.

martes, 2 de octubre de 2012

Frases "célebres" producto de mi aburrimiento.


1  "Hablar ayuda"...o cómo ser cotilla y quedar bien.
2 Cuando lo que siempre has odiado deja de parecerte tan malo, es que te ha convertido.
3  Y reduje mi vivir a buscar un(a) buen(a) (causa por la que) morir.
4  No hay mayor cambio que la muerte, pues es el único irreversible.
5 Si lo dejas para mañana es porque, en el fondo, no quieres hacerlo.
6 Lo mejor de ser creído es que al menos autoestima no te falta.
7  La verdad es tan relativa como que(el que tiene)la razón es el(que tiene el)arma más grande.
8  Los tiempos más difíciles suelen ser lo más divertidos, y los que más sonrisas traen al recordarlos.
9  Ignorar lo que te pasa además de ocultar los problemas, los aumenta.
10  La mayor valentía es jugarse la vida, y la mayor cobardía, quitársela.
11  La hora de comer es cuando hay hambre.
12  Una buena muerte suele arreglar una mala vida.
13  Quien se dedique a las ciencias por dinero, será un mal científico, quien se dedique a las artes por dinero, no es nada.
14  Entrar en combate es morir, luchar bien y sobre vivir, ganarse la resurrección.
15  En tiempos de paz, traidores y patriotas andan revueltos.
16  La gente es envidiosa, los que tenemos por buena gente, lo disimulan.
17  Un buen oficial debe mostrar más aprecio por sus hombres que por sus generales, pero debe demostrar lo contrario.
18  No hay amores(o mujeres) imposibles, sino amantes(u hombres) cobardes.
19  No habrá igualdad mientras no haya libertad para ser diferente.
20  NO puedes elegir dónde naces ni cuando mueres, sólo cómo vives.
21  VIDA:1%-nacer y morir;49%-preparar tu gran momento(o perder el tiempo);1%tu gran momento(o estúpida indecisión);49% recordar tu gran momento(o arrepentirte de por vida)...no lo desperdicies.
22  Fingirse engañado es el mayor engaño.
23  Todo absolutamente todo, viene, llega y se va; empieza, pasa y acaba; comienza, sucede y finaliza, nace vive y muere...no te creas la excepción.
24  Por mucho daño que te haga un desengaño, no será nada comparado con la experiencia ganada.
25  Se es buena persona por las intenciones, no por los métodos.
26  Tener confianza es decir (en) lo que piensas sin (en) pensar lo que dices.
27  Si consigues cicatrices demasiado profundas, no podrás enseñarlas en e siguiente combate.
28  Siempre son mayores los problemas que puede traer una mentira que los que puede traer una verdad...pero no siempre los traen.
29  Las oportunidades perdidas sólo sirven para prepararte para aprovechar mejor la siguiente.
30  La vida es un tesoro, muchas monedas, todas con su cara y su cruz.
31  Cuando tengas poco que perder y mucho que ganar, recuerda que es poco es tu todo.
32  Si el débil ganó al fuerte es porque no usó la fuerza bruto.
33  El desamor es de lo peor de esta vida, pero el amor es con diferencia lo mejor...merece la pena.
34  ...y quien roba a un mendigo, tiene cien años de castigo.
35  La competencia no es un problema hasta el momento en que decides ser un perdedor.
36  Lo perdido aparece cuando se deja de buscar; pensar demasiado en esto es seguir buscando.
37  La maldad no es más que un fin que a menudo, aunque no siempre, suele ser erróneo.
38  Las parejas se cansan de querer, pero el amor no correspondido es eterno.
39  El patriota cree que su patria es la mejor, el buen patriota lo piensa después de ver mundo.
40  No hay tiempo para dudar, arrepintámonos luego.
41  Las malas sólo existen porque hasta las buenas necesitan enemigos.
42  El amor pocas veces es eterno, el odio, nunca.(queda más bonito que lo contrario, que sería más lógico, pues se muere más de odiar que de amar...vamos que es más fácil morir matando que follando).
43  Hay cosas(y personas) que si cambiaran completamente...mejorarían.
44  No hay peor enemigo que un loco con suerte.
45  Este mundo no es tan malo...a veces, aunque sea por poco tiempo, te deja desaparecer de él.
46  La "enfermedad" mental más contagiosa es la depresión.
47  Para empeorar un mal día, pídele lo imposible y hazte ilusiones.
48  Con buenos amigo es fácil ser uno mismo.(... o sea, que los buenos amigos son los que te facilitan ser tu mismo).
49  Cuando estés preparado para hablar de algo difícíl, será tarde.(Lógico, si hablas de ello es porque está superado).
50  Nadie puede ser creativo//teniendo el tiempo medido.

51  Chorizo ni salchichón,//llegarán a ser jamón.
52  Sé optimista y errarás,//mas feliz vivirás.
53  La violencia no es la solución si no es el problema.
54  Primero se bebe y después se mea.
55  Lo malo de caer es dejar de estar arriba, no subas por no caer, y no dejarás de estar abajo.
56  Dios no te ayuda en todo lo que pides, sino en todo lo que debes pedir.
57  Todos somos hoy menos viejos que mañana.
58  Desde  abajo, todo parece más alto.
59  Cuanto menos se tiene que perder, más queda por ganar.

60  Odias a alguien cuando crees que su muerte mejoraría más cosas de las que empeoraría.
61  El amor no es sentirse bien ni sentirse mal, sino sentirse idiota.
62  Reduce tu vida a una persona y cuando se vaya no tendrás quien te dé el abrazo que tanto necesitarás.
63  Admirar no siempre implica imitar.
64  Los ignorantes confunden no entender con no creer.
65  No hay nada más enloquecedor que el ser tratado de loco.
66  Se lucha mejor con algo por lo que ganar que sin nada que perder. (Resignación de soldado enamorado).

67  Ni hago las leyes ni las cumplo.
68  No voy a a matarte, ya te morirás tú, es cuestión de tiempo.
69  Tú a lo tuyo, capullo.
70  No te quejes de tu jefe porque te mandó aquí, yo vine voluntario por perder de vista al mío.
71  Los de ciencias tienen tantas fórmulas en la cabeza de arriba que, a menudo, piensan con la de abajo.
72  No recordarás mi venganza toda tu vida, lo harán tus conocidos por ti, pues tú no podrás.
73  Te espero en e infierno, esta mierda de mundo siempre encuentra la forma de impedir a venganza que mereces.
74  No quiero tenerte, me conformo con que me tengas.
75  Dices "quiero morir" cuando lo que quieres es empezar a vivir.
76  Si todos fuerais como yo, no habría modestia.
77¡ Sonríe! Y muéstrate feliz al mundo hasta que te lo acabes creyendo tú mismo.
78 La depre mola como enfermedad venérea...lo mismo a curas que te contagias.
79 No me avergüenzo(arrepiento) de lo que hice, sino de lo que tardé en reconocerlo.
80 Todo el mundo es sincero hasta que sus padres le preguntan dónde ha pasado la noche.
81 Eres más inoportuno que un estornudo meando.
82 Por sano que te creas, no has dejado de tener as tres peores enfermedades:hmbre, sueño y aburrimiento...¿o no bostezas?

83 Hay más cosas en una chica que las tetas grandes: que su mirada clara, que tenga una bonita sonrisa,
que te quiera de verdad, que sea alegre....que pille el sarcasmo...
84  Es mejor amar que ser amado, pues se puede elegir la persona.
85  Pidiendo poco, lo que recibes parece mucho.
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