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miércoles, 24 de abril de 2013

Capítulo 8.


CAPÍTULO 8.
Tras poco más de diez minutos hablando en los que Sara se mordía la lengua, literalmente y casi hasta hacerla sangrar, para reprimir sus sentimientos hacia la chica de pelo bermejo, empezó a pensar cuánto tiempo más podría aguantar. Pero debía un par de favores y el objetivo de la misión era medianamente honrado… Dejar bien a la policía, hacer sufrir a un corrupto, recuperar fondos para la seguridad en centros públicos… y demostrar a una niñata que su padre le importaba, y también ella a él. Y en cuanto a los remordimientos por derribar una facultad a mitad de curso (¿remordimientos? Ni que fuera ella quien activaría la bomba…) no eran tan fuerte como los celos que le hacía sentir por alguien que acababa de conocer y que ni siquiera le importaba. Porque desde luego que no le importaba ese pringado… En un momento, en que los tres se quedaron sin palabras y no sabían qué decir, el chico dijo:
-Creo que seguimos –un plural, evidentemente usado para reconfortar a Sara, que consiguió su objetivo- sin saber tu nombre…
Ella sonrió y sin decir nada, cogió el móvil de él, que estaba sobre la mesa, y apuntó su número, con el nombre de Neus. “Llámame”, dijo. Y se giró a seguir haciendo como que copiaba algo de la pizarra. Desconcertado, casi desorientado, se giró hacia su compañera, a la que consideraba una experta, preguntándole con la mirada qué hacer ahora. Pero en su mirada no vio más que un odio –injustificado, a su parecer- hacia esa clase de chicas que calentaban al personal para nada. Pero entonces oyeron que Neus susurró un impaciente “¿a qué esperas?”.
Quería una perdida para guardar su número… Pues claro… Así que llamó. Pero en cuanto su teléfono, que por supuesto no estaba silenciado, sonó, la chica se lo llevó al oído hablando sola, se puso en pie, y salió como si nada. Ahora también Sara estaba perdida, y ambos se miraron de igual a igual….durante unos segundos. Lo que tardó en llegar un mensaje preguntando cuánto pensaban hacerla esperar. Ambos salieron apresuradamente, de no ser porque Sara la cogió, él se habría dejado la carpeta con los planos de la facultad… Cuando salieron de la clase, se la encontraron tumbada completamente en las escaleras en las que hacía unos minutos habían estado sentados. Era la personificación del “quiero lo que quiero cuando quiero”.
-¿Y ahora qué?-preguntó al verlos.
-Si no te da miedo que este cabrito venda tus órganos en Asia –dijo sorprendiendo a éste con un puñetazo seguido de un beso en la mejilla-, tenemos una furgoneta ahí fuera… ¿Qué dices?
-Que estoy en desventaja, sois dos para una…al menos deberíais invitarme antes a tomar algo,  ¿no? Espero que la furgoneta sea para ir a algún sitio mejor…
-Si te hace ilusión-dijo él, despegando los labios por fin- podemos meter un colchón en la parte de atrás, pero tenemos un amigo que hace poco ha abierto un local a diez minutos de aquí y se alegrará de ver que le llevamos clientes.
-¿Ahora…? –dijo ella haciéndose de rogar- mejor dadme un minuto que entro a por mis cosas.
Y volvió a entrar en la clase, dejando a los dos tan atónitos como era de esperar.
-¿Cómo dices lo de los órganos…? Podrías haberla espantado…
-Sí, claro –respondió ella, picada-… Es evidente el sentido de la responsabilidad de esta chica… Me pregunto hasta qué punto hacemos un bien al mundo salvándola…
Esto le recordó que pronto todo el edificio volaría por los aires, y se miró el reloj. Aún tenían más de veinte minutos antes de que empezara el simulacro de incendio. Por el momento, todo iba bien.



sábado, 6 de abril de 2013

Capítulo 7.


CAPÍTULO 7.


Sin muchas esperanzas de éxito, entró en la clase delante de ella, con paso firme, más para impresionarla que para que SU plan funcionase. El objetivo se sentaba en primera fila y tras un instante de vacilación, pues no quería situarse demasiado cerca de un profesor que al no conocerles podría echarles de clase, se dispuso a sentarse justo tras ella. Pero otros dos chicos, estaban sentándose precisamente ahí, dejando  junto a él, en la silla inmediatamente anterior a la de la chica. Sin decir una palabra, cedió el paso a Sara, con una mirada que ésta comprendió al instante. Con una seguridad que a él le pareció envidiable para cualquiera del sexo contrario, y un movimiento de caderas que le obligó a mirarla donde la espalda pierde su nombre, se situó junto al chico de la chaqueta y le preguntó con una gran sonrisa si ese sitio estaba ocupado. Ante la evidente negativa de éste, tomó asiento junto a él, justo tras la chica que buscaban.

-¿Cuánto dices que llevas sin entrarle a una tía? –Dijo a su compañero, que ya estaba junto a ella, en voz baja y cubriendo con la mano una maliciosa sonrisita.

 -Para tu información-respondió él sin ni mirarle a la cara, garabateando en el dorso del plano de la facultad. Ni folios les habían dado… -, la última vez fue una chica la que intentó seducirme a mí. Luego le disparé a la cara. Llevaba horas tiroteándonos, y en un momento que se paró a recargar, aparecí tras ella.

-El matador de las féminas… aquí esas cosas funcionan de otra manera…

_No me siento especialmente orgulloso de ello-siguió él, ignorándola. Presionaba sobre el papel con tanta fuerza, el bolígrafo empezaba a quebrase.-…  Pero mientras con una mano desnudaba su pecho, con la otra desenfundaba un revólver oculto en su entrepierna. Un instante más y… Y…

Antes de que encontrara palabras con las que proseguir su relato, y para relajarle un poco antes de que empezara a gritar o a llamar la atención, Sara le besó. No en la boca, por supuesto, sino en la barbilla, justo bajo el labio inferior, tal y como hacían en las películas, según había oído en alguna parte, pero el efecto fue justo el esperado.

-No te emociones-dijo nada más soltarle-. No es que crea que lo merezcas, ¿eh?, es sólo para que estos dos dejen de mirarme… ¿Le vas a decir algo, o qué?

Algo confuso, miró a la chica que tenía delante. Escribía haciéndose la aplicada mientras el chico sentado junto a ella tenía que conformarse con charlar con su amiga, bastante menos agraciada. Aunque, según pensó, tratando de evitar la comparación con las otras dos chicas, no estaba nada mal. Y además, era mucho más simpática… Era la típica amiga simpática. Llegados sus pensamientos a este punto, no pudo evitar una sonrisa. Siempre le había hecho gracia ver como todos esos tópicos machistas se cumplían, pero al comprobar que todo seguía siendo así, que nada había cambiado en el mundo que hace tiempo había abandonado, volvió a despertar en él todo tipo de sensaciones, tan agradables como ya olvidadas, hasta ese preciso momento.

-¡Espabila!-Dijo Sara, chasqueando los dedos antes su cara.

-Sigamos con los tópicos-susurró él, dejando caer el astillado bolígrafo al suelo-¡Tss! ¡El boli! ¡Pelirroja! ¡Eo!

Ante el caso omiso de la chica, y mordiéndose el labio presa de un sentimiento bastante similar a los celos, Sara dio una patada al respaldo de la silla de ésta, que, girándose y con un inocente gesto en su cara, dijo:

-¿Es a mí? Perdona-recogió el bolígrafo. Y ya estaba a punto de devolvérselo a su dueño cuando pareció pensárselo mejor y añadió, dirigiendo la punta del bolígrafo a su boca-… Te lo cambio por tu nombre…

-¿Lo ves?-interrumpió Sara, claramente molesta y lo suficientemente alto como para que la otra chica también le oyese- No era tan difícil…

Estaba hecho…







 








viernes, 15 de marzo de 2013

Capítulo 6.


CAPÍTULO 6.
-Pues no parece tan difícil…-Caminaban ambos en silencio, acababan de subir las escaleras de la entrada y se dirigían a través de pasillos llenos de alumnos que en el descanso entre clase y clase para salir a fumar, hablar con los de otras aulas o simplemente estirar las piernas. Desde que bajaron del furgón no habían cruzado palabra, ni tampoco miradas, e intentaba romper el hielo. Ella no contestaba.- ¿no?
-Calla-susurró como quien intenta escuchar un lejano e instantáneo murmullo-… ¿No ves que intento pensar?
 -¿En nuevos lemas para tus camisetas?-Era improbable, pero a lo mejor estaba enfadada de verdad porque no se la había puesto, y quería volver a sacar el tema. Le encantaba sacar temas incómodos, y no había tenido tiempo de incomodarla con otra cosa- Venga, estás más perdida que yo, cuando quieras dejas el papel de súper-girl que lo controla todo y comentamos qué vamos a hacer…
Era cierto. No tenía ni idea de por dónde empezar. Pero naturalmente, no pensaba darle la razón. Por suerte, se le daba bien improvisar y hacer como que sabía de todo.
-Capullo engreído… Es lo que me pareciste desde el principio y mira, no he fallado. Eso de que juzgar a la gente por la apariencia está mal debió decirlo alguien a quien se le daba mal hacerlo. Mira la foto -sorprendida de ella misma y de las conclusiones a las que estaba llegando en cuestión de décimas de segundo, sacó la foto de la carpeta-, mira su cara. Es evidente que es una consentida niñata de papá, por un lado, y una pobre cría con carencias afectivas por el otro.
-Lógico y evidente cuando tu papi es un político corrupto y tu mami su mujer trofeo.
“No me interrumpas”, iba a chillar dándole un puñetazo en el hombro. Pero se le ocurrió una mejor forma de superarlo y hacerle callar:
-Tan evidente como la cara de furcia que tiene. –Se sentaros en unos escalones frente a la puerta de la clase en la que debería estar- Algo me dice que busca amor por otros sitios. Sí, creo que ya sé cómo nos la llevaremos…
-Amor y emoción. Mírala- Volvió a interrumpirla-. Estaba justo ante ellos, hablando con el profesor, que acababa de salir-. No deja de toquetearse el pelo y el escote… Es millonaria, pero prefiere comprar aprobados con su cuerpo… Sigue. ¿Cómo piensas sacar de aquí al blanco de todas las miradas sin que se note?
-Precisamente. Sigues sin ver lo discretas que llegan a ser mis camisetas en el ambiente adecuado-antes de acabar de decirlo se dio cuenta de que no era un buen símil, no tenía nada que ver una cosa con la otra-. Tú y yo nos haremos pasar por novios en busca de nuevas experiencias, que es precisamente lo que esa zorra tiene pinta de andar buscando. Así que nos colaremos en la clase, nos sentaremos a su lado, y tienes algo menos de media hora para convencerla para un trío, ¿ok? Cosa que JAMÁS sucederá. Así que ve quitando esa cara de gilipollas y no te hagas ilusiones.
-¿Y cómo conseguiremos sentarnos a su lado? No sé cómo se vería desde tu lado, pero por lo que recuerdo del instituto, no resulta muy sencillo sentarse tras la chica guapa…
-Fácil-cogió la chaqueta del chico, que la llevaba en una mano, se la anudó a la cintura realzando aún más su figura y, dando una vuelta de bailarina, se puso de pie frente a él con una gran sonrisa-. Resulta que esa puta ya no es la más guapa de la clase.



sábado, 23 de febrero de 2013

Capítulo 5.

CAPÍTULO 5.
A su lado había un montón de ropa de todo tipo, probablemente usada, posiblemente de muertos. Al incorporarse notó un fortísimo dolor en el cuello: la patada del ascensor casi se lo parte. Escogió unos vaqueros “normales” y una camiseta “normal. Al ir a ponerse el pantalón, vio que tenía el muslo vendado ¿habría sido ella? Probablemente. Pero a pesar de esto, y de que llevaba inconsciente y en ropa interior… no sabía cuánto tiempo, sintió algo parecido a vergüenza y vaciló unos instantes antes de sacarse la camiseta. Creyó notar una sonrisita disimulada en el rostro de la chica justo antes de que interrumpiera sus pensamientos diciendo fríamente:
-Tranquilo, que me giro-estaba sentada en el suelo frente a él, y en un rápido movimiento, se giró apoyando una mano en el suelo y se cubrió los ojos con la otra-. Algunas tenemos educación…
Parecí bastante molesta de verdad, pero tampoco había hecho nada malo…Resignado cogió la camiseta para ponérsela, pero entonces la chica añadió:
-Te perdono si te pones la verde. –Le estaba observando a través de un trocito de espejo que tenía en la mano con la que supuestamente se tapaba los ojos. El chico se sintió decepcionado, pero consigo mismo, por no haberse dado cuenta antes. Aun así, miró intrigado la camiseta que había dicho. En grandes letras moradas con purpurina sobre fondo verde ponía “Voy con la princesa”. Era improbable que ese tipo de camiseta fuera de chico.
-¿Sabes? Creo que podré vivir sin tu perdón….
Y en ese preciso instante, la furgoneta paró de un frenazo haciéndole caer justo al lado de ella, casi le cayó encima. Ambos empezaron a reír, pero la puerta se abrió y apareció el hombre al que dentro de poco conocería como “Jefe”. Llevaba un mono de trabajo que casi con total seguridad emplearía para colarse en alguna parte. Dudaba que los tópicos de las películas funcionasen…
-A ver si dejamos el magreo para otro rato. Que hay prisa. Como ya te habrá explicado la Rubia, tenéis que haceros pasar por universitarios, infiltraros en la facultad de derecho y secuestrar a la hija del ministro tal. Tienen programado un simulacro de incendio para dentro de algo menos de hora y media, lo que nadie sabe es que quince minutos después una bomba real hará derrumbarse el ala oeste del edificio. Para ese momento tenemos que habernos ido con la chica y sin que nadie la haya visto salir, ¿de acuerdo? ¿Todo claro?-Abrió una trampilla que ocupaba casi la mitad del suelo del vehículo y de un doble fondo en el que había dos cajas de cartón tan grandes como para llevar un cadáver, una carretilla de plataforma y varios subfusiles, entre otras cosas, sacó un par de mochilas y se las entregó- Ahí tenéis planos de la facultad, con la clase del objetivo y la ruta de evacuación marcadas, unas fotos de la chica y armas de fuego. Utilizadlas sólo si os descubren, si la operación fracasa, tendréis que haceros pasar por terroristas, y responsables de la explosión, con las consecuencias implícitas. También tenéis comunicación con la base y conmigo camuflada en unos cascos Apple. Éstos tienen un botón de emergencia que anulará la detonación de la bomba, pero más vale que no lo pulséis si apreciáis la vida en libertad… ¿preguntas?



viernes, 22 de febrero de 2013

Capítulo 4.

CAPÍTULO 4.
Nada de lo que le acababan de decir le sorprendía. Era evidente desde el principio quiénes eran, pero se había negado a verlo. No soportaba su situación actual, era cierto…pero tampoco le apetecía lo más mínimo volver a la guerra. Aunque en todo aquello, algo sonaba a operación especial divertida…emocionante…suicida. Sí, no podía estar tan mal. Pero mientras dudaba, y aunque no era necesario, pues estaba a punto de soltar el arma, la joven, apoyándose en la esquina del ascensor con las manos, le dio una patada en la cabeza con ambos pies que le hizo perder el sentido unos momentos más tarde. Unos momentos suficientes para ver como su pobre rehén caía degollado, desangrándose como un cerdo.
Despertó recostado de mala manera en la parte de atrás de una furgoneta, frente a la chica, que se estaba cambiando la ropa ensangrentada. Decidió esperar un poco para mostrarse consciente, pues no quería perderse semejante espectáculo. Su joven cuerpo era realmente hermoso, dudaba mucho de las palabras del que parecía ser su superior, era imposible que esa preciosidad hubiera estado en el frente como él, podría decirse que las vidas de ambos habían sido completamente diferentes. Y lo de “nada que perder”… puede que en eso sí coincidiera con ella, pero no con el suicida cuyo hermano había decidido limpiar su nombre arriesgando y perdiendo la vida. En todo aquello había algo que no encajaba, le ocultaban algo, estaba claro… ¿pero qué podía hacer él?
-Sé que estás despierto-dijo la que tenía toda la pinta de ser su futura compañera de armas mientras se metía otra ajustada camiseta. Era lo primero que le oía decir-. Abre los ojos  del todo, si te interesa puedes mirar cuánto quieras.
-¿Eh?-Se limitó a responder, haciendo como si acabara de despertarle.
-Total-continuó ella-ya te debo una patada desde que me miraste por la mirilla….
Y dicho esto, volvió a estirar repentinamente  ambas piernas hacia él, al tiempo que se ponía unos cortos pantalones. Esta vez no llegó a rozarle, y sus pies descalzos quedaron a escasos centímetros del pecho del chico, que, todavía algo aturdido, se estremeció de una forma exagerada, echándose hacia atrás bruscamente y chocando con la pared metálica de una forma bastante torpe.
-Joder con el veterano de guerra-soltó, entre risas-Anda, vístete… Ahí tienes algo de ropa, escoge lo que quieras… Pero recuerda que no debes llamar la atención, para este tipo de misiones hay que ir discretos.
Discretos. Acababa de decir que había que ir “discretos”. ¿Cómo era capaz de decir algo así? Ella llevaba unos cortísimos shorts que no dejaban nada a la imaginación, y una camiseta naranja fosforito, lo suficientemente ceñida como para hacer evidente que no llevaba nada debajo y cuyo estampado rezaba “teta izquierda” y  “teta derecha” en sendos círculos situados donde es obvio. 


martes, 19 de febrero de 2013

Capítulo 3.


CAPÍTULO 3.
El tal “Gordo” le hizo entrar en el ascensor de un empujón, lo que le hizo dar un traspiés que casi le hizo caer sobre la chica, en la que creyó ver un atisbo de sonrisa divertida aunque sabía cómo ocultarla bajo la que ya había identificado como su fachada de indiferencia. El hombre del sombrero sacó una vieja y oxidada pitillera del bolsillo interior de su americana. El aquel viejo objeto metálico encajaba a la perfección con su desdeñada apariencia. Dudo un instante si ofrecerle un cigarrillo, pero finalmente se decidió por encender el suyo y compartirlo con él echándole el humo a la cara mientras esperaba que “alguien” pulsara el botón que les haría bajar. Cuando su corpulento compañero se dio cuenta y pulsó precipitadamente el botón del primero y el de la planta baja a la vez, masculló algo entre dientes y volvió a escupirle el humo.
¿Quién era aquella gente tan rara? Policías desde luego que no: ni esposas, ni placas ni “queda usted detenido, y éstos son sus derechos, etc.” y toda esa parafernalia típica de la autoridad. ¿Secuestradores, entonces? Si así era, no tenían nada de aficionados…. No, tampoco tenía pinta de querer secuestrarle. Parecía que le conocían, y en ese caso, sabrían de sobra que no tendrían a quién pedirle rescate. No, sólo podían ser…
Frente a él, la chica miraba disimuladamente hacia su entrepierna desde hacía rato. Ojalá sólo estuviera malpensando sobre el bulto del cuchillo… Por un momento, esperó recibir una patada, tal y como decía la camiseta que tenía delante y que no podía evitar mirar. Bajó la mirada entre avergonzado y divertido, aquella chica conseguía, inexplicablemente, relajarle. Y entonces se dio cuenta: por su pierna, bajaba un hilito de sangre, el tropezón de hace un minuto le había hecho pincharse en el interior del muslo, y aunque no le dio demasiada importancia en el momento, parece que era algo serio. No, no le había lesionado; le había delatado.
No se atrevió a mirar a los otros dos, pero la joven le miraba con curiosidad, ahora a la cara. Esbozó lo mejor que pudo un falso gesto de dolor y en un movimiento muy lento al principio, como si fuese a palparse una profunda herida, y muy rápido después, sacó su arma blanca y en un instante la tenía apoyada en la garganta del asustado gordo. A pesar de su edad mediana, estaba claro que era un novato en todo aquello, sólo estaba allí por su imponente cuerpo, pues ni la chica ni el jefe, a pesar de las armas, ésta de fuego, que sacaron lograban intimidar ni a una ancianita.
-¡¿Quién coño sois y qué queréis de mí?! Como no me deis una respuesta antes de que se pare este maldito trasto juro que lo degolló aquí mismo…
-¿Acaso no era evidente?-respondió el del sombrero con mucha calma pero sin dejar de apuntarle con su revólver de gran calibre a la cabeza. Mostró el bolsillo de la pitillera, en el que llevaba colgada una placa o medalla de algún cuerpo especial cuyo nombre no recordaba-¿Te suena el dibujito? ¿Qué entendéis los jóvenes de hoy en día por estar en la reserva? Se tea yudó en lo posible por desmilitarizarte, por reinsertarte en esta, por cierto, decadente sociedad, pero los rechazaste todos y decidiste ir por tu cuenta. Sólo Dios y esta rubia saben lo que me ha costado encontrarte, ¿tan malas son las residencias para excombatientes? La guerra acabó, el ejército dejó de considerarte útil y fracasó en su intento de hacerte….ejem…menos inútil para la vida civil. Ahora hay un conflicto a punto de estallar, y el alto mando requiere gente como tú para una sencilla y breve pero arriesgada misión. Y no creas que hay tantos. Con tu experiencia en combate abierto, tu conocimiento de determinadas zonas, tu nada que perder, tus medallitas… El inepto del general al que corresponden ahora estas cosas, entre miles de excombatientes deseosos de volver a matar sólo ha considerados aptos a tres individuos: la rubia que te mira el paquete, un conocido, creo que hermano, del gordo que se te ha desmayado en brazos y que se suicidó hará cosa de un mes, y, por supuesto, usted.
>Así que deje de hacer el payaso, suelte ese jodido cuchillo y obedezca a su superior.


lunes, 18 de febrero de 2013

Bonita camiseta...

Capítulo primero.
Capítulo segundo.
Capítulo tercero.
Capítulo cuarto.
Capítulo quinto.
Capítulo sexto.
Capítulo séptimo.
Capítulo octavo.

Más historias.

Capítulo 2.

CAPÍTULO 2.
No, no esperaba a nadie. ¿Quién podría ser a estas horas? Era casi la hora de comer para la gente normal, la hora de levantarse para la gente como él. Cogió un cuchillo mientras sentía sus músculos tensarse a causa de la adrenalina. Tanto tiempo sin sentirse así le estaba volviendo loco, estaba impaciente por ver quién era y qué quería, pero se acercaba con el máximo cuidado de no hacer el mínimo ruido a la puerta. En cierto modo se sentía liberado, saboreaba el momento, disfrutaba a comprobar que seguía sin recordar qué era el miedo. La puerta sonaba como si la pensaran echar abajo. Aprovechando que en el rellano había más luz qué dentro del apartamento, pudo ver en las sombras que se colaban por la rendija bajo la puerta que sólo había un par de pies. Debería ser un buen gorila para aporrear la puerta de esa manera. Si querían hacerle algo…¿no sería más fácil llamar suavemente, “con cariño”? No, no habría colado.
Receloso de poder perderlo, acercó un ojo a la mirilla: Sólo había una chica, de unos dieciocho años y con una curiosa camiseta en la que ponía, a la altura del pecho, algo así como “cambio mirada a mis tetas por patada a tus huevos”. Movido por la curiosidad, cuya influencia en él siempre fue mayor que la de la conciencia del miedo, se ocultó el cuchillo como buenamente pudo en los calzoncillos y abrió la puerta. En ese instante, aparecieron dos hombres, uno a cada lado de la puerta. El primero, tan alto y corpulento que su agilidad llamaba la atención, se colocó antes de que pudiera darse cuenta detrás de él, bloqueándole el acceso a su propia vivienda. El otro, mucho más bajo y enjuto, se plantó frente a él, haciendo retroceder a la chica de la camiseta con un gesto y una mirada un tanto despectiva. Iba muy trajeado, incluyendo sombrero a juego con el formal pero arrugado traje gris. Tenía más ojeras incluso que ella, era evidente que habían pasado toda la noche y toda la mañana buscándolo.
-Por fin-se limitó a decir. Lanzó otra arrogante mirada, esta vez al tipo gordo.
-Vente con nosotros-dijo éste, empujándole hacia el ascensor, cuya puerta mantenía abiertas la chica, con un gesto ausente, como si nada de eso fuera con ella.
-¿Es que no pensáis dejar ni que me vista?-dijo XXXXXXXX, que aún iba sin pantalones y con la camiseta de tirantes que le servía de pijama, y vio en la oportunidad de volver a entrar la que sería su última ocasión para huir. No era más que un tercero, y el patio, al que daban casi todas las ventanas, estaba en el primero, por lo que la altura de la caída no sería más que la de dos pisos, y de techo bajo, por cierto. Eso le daría tiempo más que de sobra, pues él mismo sabía por experiencia lo difícil que resulta encontrar a alguien en un edificio así.
Sin esperar respuesta, se giró con su habitual sangre fría y toda la naturalidad que fue capaz de mostrar, dispuesto a entrar. Pero allí nadie estaba de humor, y el gigantesco hombre con cara de pocos amigos, cerró la puerta que tenía detrás y se apoyó en ella, cruzando los brazos.
-¿Cree que habrá que cachearlo, jefe?
-Tú no, Gordo. Depende de si la señorita tiene ganas de hacerlo ella…-podía intuirse la lascivia contenida en su voz.
Los tres miraron a la susodicha con curiosidad, pero ésta no les respondió más que dando media vuelta y entrando en el ascensor.
-Tiene razón. Como siempre-ahora se notaba que le fastidiaba reconocer que siempre le superaba, pero así era-. Se hace tarde, Gordo. Espabila.

Índice.

domingo, 17 de febrero de 2013

Capítulo 1

CAPÍTULO 1.
El día que todo cambió amaneció como otro cualquiera. Se acabó de despertar a las tantas, intentando recordar lo que había estado soñando, intentando revivirlo. Seguro que era mejor que su asquerosa vida. Sobre todo si era una pesadilla. Sí, al menos no sería tan terriblemente aburrida. Desistió, tirando al suelo las mantas y abriendo los ojos de golpe. Pero qué sucio está techo. Definitivamente, así estaba mejor. Al vivir solo en un apartamento no tenía que preocuparse de la opinión sobre su falta de orden y limpieza como cuando compartía un piso, y más si era con chicas como la última vez.  Además, el escaso dinero que le pasaba el programa de reinserción social no le permitía más que esas opciones.
Chicas…lo único en el mundo capaz de hacerle ordenar un poco todo aquello. Aunque viendo como todo… ¿pero cuánto hacía que no….? Cerró los ojos. Había vuelto a olvidar hacerlo. Es terriblemente difícil recordar hacer algo antes de abrirlos. A tientas, se puso en pie frente a la ventana, y abrió ésta de golpe a la vez que sus ojos. La cegadora luz del nuevo día casi le hizo caer de espaldas a la cama. Se dejó caer. Esto le despertaba del todo, aunque no le impedía seguir acostado pensando en cosas que pudiera hacer desde la cama. De momento, besar su pequeño crucifijo, única herencia de su difunto abuelo, en un gesto más mecánico que religioso, más por seguir con la costumbre que por agradecer el nuevo día, y, por su puesto, más por su abuelo que por Dios. Aunque de todo había un poquito…
Puso ambos pies en el suelo de forma brusca y casi simultánea, aunque siempre procuraba que el derecho rozase los fríos azulejos un instante antes. Para “empezar bien el día”. Estaba especialmente frío aquella mañana. Le encantaba eso. No sentía el barro subir por entre sus dedos, no sentía el calor de un sol golpeando las rocas verticalmente, ni un de esas pequeñas piedrecitas que se clavan, oculta bajo el polvo del camino, pero aquél frío matutino que se extendía por su piel haciéndole tensar los tendones de Aquiles era suficiente para recordarle que seguía vivo.
De camino al baño, mientras inclinaba la cabeza un lado para estirar el cuello, introdujo la mano en su pantalón para rascarse y colocarse todo, con la misma mano que un instante más tarde se frotaba los ojos, y justo después el trasero. ¿Por qué tenía que estar tan lejos el baño de la cama? Hizo sus necesidades apoyando la espalda en la pared. Eso le hizo alegrarse de no ser una tía, lo que le hizo pensar en tetas. Y esto, además de hacerle algo más difícil su tarea, le hizo pensar en pectorales, lo que le recordó que aún no había sus flexiones matinales. Hay que ver cómo funciona el cerebro, pensó, recién despertado…qué lógico es todo…y…¿Qué tenía que hacer ahora? Ya estaba buscando algo para desayunar. Desde luego, lógico no es sinónimo de rápido.
-La gente debería quedarse con que me acuesto casi al amanecer escribiendo poesía y llorando por ti-Se dijo a sí mismo, aunque hablando al guardapelo con apenas unos cabellos de su difunta prometida y mientras miraba los sucios dedos de sus propios pies-. No con cómo me despierto…
Entonces, y por fin de forma definitiva, volvió a la realidad por enésima vez aquella mañana: alguien golpeaba violentamente la puerta gritando su nombre.

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